
Nos conocimos trabajando, hace ocho años. Desde entonces, tuvimos el privilegio de compartir mucho más que una profesión: construimos una vida juntos y, con el tiempo, también una manera de mirar.
Trabajar juntos hizo que aprendiéramos a conocernos también en la forma en que cada uno observa, trabaja y cuenta una historia. Sabemos cómo piensa el otro, qué está buscando, dónde está parado y qué necesita incluso antes de decirlo. Esa complicidad, que nació de tantos años compartidos, también se traslada a cada boda que fotografiamos y filmamos.
Durante una boda no somos dos profesionales que simplemente trabajan al mismo tiempo. Estamos atentos al mismo momento, aunque cada uno lo registre desde su propio lenguaje.
Gri sabe cuándo Lucas necesita espacio para registrar un sonido, una palabra o una escena. Lucas sabe qué está fotografiando Gri y puede anticipar hacia dónde va su mirada. Sabemos qué momentos estamos cubriendo, qué planos ya tenemos y cuáles todavía nos faltan.
También conocemos nuestras herramientas. Sabemos qué lente está usando el otro, desde dónde está trabajando y qué tipo de imagen está construyendo. Eso nos permite movernos, complementarnos y tomar decisiones sin interrumpir lo que está sucediendo.
Buscamos que cada uno pueda aportar su propia mirada y, al mismo tiempo, construir un registro que tenga sentido en conjunto. Que las fotografías y el video se encuentren en una misma historia, sin dejar de ser fieles a la mirada de cada uno.
Cada uno conserva su propio lenguaje, pero ambos trabajamos hacia el mismo lugar: contar una historia que se sienta nuestra.
Lucas tiene alma de viajero y corazón de músico. Antes de encontrarnos, recorrió kilómetros y experiencias que hoy viven en su forma de ver la vida. Quizás por eso sus videos tienen ritmo, emoción y esa manera de envolverte como una canción que no se olvida. En su trabajo, la técnica se mezcla con intuición. Cada imagen que crea late, respira y tiene ritmo propio. Con Lucas, cada boda se convierte en una película que no solo se mira… se siente.
Gri es de esas personas que ven lo que otros pasan por alto. Romántica, sensible y profundamente observadora, guarda cada detalle como si fuera un tesoro. Sabe que la magia no siempre está en lo grandioso, sino en un roce de manos, una risa compartida o una mirada que dura un segundo.
Su fotografía es así: suave, honesta y llena de alma. Cada imagen que toma es un abrazo al recuerdo, una forma de decir “esto vale la pena guardarlo para siempre».